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Memoria Ritual
Jhonny Lizama
Jhonny Lizama

Jhonny Lizama - Alférez

 

Nacido y criado en la Quebrada Alvarado, Jhonny de niño vive las dificultades de un hogar rural donde la comida costaba esfuerzo y en el cual el techo se llovía como diluvio en pleno invierno gélido a las faldas del cerro el Roble. Temprano debe dejar la escuela y ya a corta edad trabaja arduo “pajareando” y cuidando las cosechas de trigo y maíz para ayudar a sostener la casa. Con el tiempo, sale a trabajar en cuadrillas a los cerros cercanos, recolecta leña para carbón o cerca predios de los hacendados “ricachones” de Santiago, asentados en la zona. Siendo sólo un adolescente se hace un “nombre” y es llamado a todos lados para diversos trabajos, en especial por su capacidad de cantar las historias mundanas de sus compañeros de labor en los descansos de las largas jornadas. La pasión por el canto habita ya en su cuerpo. Pero es sólo cuando merodea la veintena de años que se apasiona con la tradición de los chinos. Con amigos y jóvenes mujeres del sector, crean el baile juvenil mixto de Quebrada Alvarado, único en ese entonces en el pueblo, pues ya hace años se habían comenzado a apagar los últimos estertores del renombrado baile del Venado, donde chinearon sus tíos al alero de la familia vecina de los Ponce. Alfereaba por este nuevo y fugaz baile chino Juan Cisternas de Loncura u otros cantores más veteranos, y de a poco a Jhonny le comienza a apasionar perderse en el bosque después de cada fiesta para cantar entre medio de los árboles. De pequeño subió innumerables veces al santuario del niño Dios y conocía bien la métrica del canto o algunas historias sencillas, y entonces no le fue difícil empezar a tomar la bandera en los ensayos y abrirse rumbo entre los alférez. Sin embargo, sólo cuando conoce a Alfonso Galdames empieza a brotar la pasión profunda por las historias bíblicas y relatos perdidos de los textos más ocultos de los evangelios y unge un aprendizaje veloz de su maestro de Ventanas. La amistad perdura y Jhonny asienta esa rigurosidad por la lectura y la narración precisa de Galdames, así como adopta del pescador costino un carácter de trance emotivo que va a extremar como su propio sello de cantar a lo alférez. Así ha llevado la bandera de numerosos bailes, como Campiche, Granizo, La Gruta, Juventud de Tabolango, entre otros, pero es con el Baile del Carmelo con quienes ha forjado una comunión más cercana y permanente en el tiempo. Esta relación sensible que caracteriza a Jhonny la logra enlazar fácilmente con las imágenes y la adhiere al público a través de su voz humilde y su sencillez emotiva en escena. Jhonny posee además una imaginación veloz que logra construir grandes relatos descriptivos con detalles precisos y hermosos pasajes en sólo pocos minutos. Por último, acostumbra llevar el canto a lo alférez y el arte de improvisar al difícil reino de la décima, donde es mucho más habitual el uso de la mnemotecnia. Hasta el día de hoy Jhonny trabaja como cuidador de un parcela de paltos en su pueblo natal y vive junto a su señora y sus dos hijas.